domingo, 2 de septiembre de 2012

El Esteban Vicente languidece


El pasado 19 de julio acudimos a curiosear por las salas del Esteban Vicente; por comprobar cómo había repercutido el hundimiento de las aportaciones bancarias. Me pareció que había menos vigilantes.
Era día de acceso gratuito y, sin embargo, aunque se ofrece el "gancho" de una exposición temporal, no había muchos visitantes: apenas otras cuatro personas —dos parejas—, de edades comprendidas entre los treinta y los cuarenta años, esa edad en la que la maduración propone experiencias trascendentes más complejas que las ofrecidas por las religiones convencionales.
El edificio sigue siendo ideal para levitar contemplando las obras colgadas de sus paredes o, incluso, para organizar una sesión con "bailarines" derviches. La mística fluyente no es tan poderosa como la de Rothko, pero no anda lejos. En mi presencia, una de las parejas quedó suspendida en el vacío ante una composición de dominante cálida... en posturas que me recordaron cierta película de Tarkovsky, cuyo título he olvidado; sólo entiendo el ruso a mediante Google.


En el jardín interior había cerca de quince niños con una monitora, que les proponía realizar actividades "plásticas"... o, simplemente, los entretenía con juegos plásticos. No pude verlo claro, porque me pareció impúdico observar demasiado. Por un instante me asaltó la duda de si los gestores del Esteban Vicente estarían haciendo la competencia a las guarderías, como fórmula se subsistencia...  Sólo fue durante una milésima de segundo.
Cuando el expresionismo abstracto norteamericano no pasa por sus mejores momentos entre la burguesía cultivada de una capital de provincias de tanta enjundia, podría ser buena idea emplear el museo para difundir entre los niños la buena nueva de un arte fundamentado en la exaltación de la subjetividad. Así, con metodología de Lowenfield, iría formándose la sensibilidad en la dirección conveniente a los principios del sistema liberal...
Cuestión de fe.

Adenda

Los medios informan de que Abertis Autopistas y Ambientair (empresa segoviana dedicada a las fragancias para el hogar) financiarán la continuidad del museo hasta finales de año, cuando menos. ¡Qué alivio!
Durante este verano me ha parecido que cada vez coge menos gente la autopista de peaje que culmina en Segovia e, incluso, la que atraviesa los túneles del Guadarrama. Se han visto grandes atascos de tráfico en San Rafael. Pero es reconfortante saber que el dinero de los viajeros sirve en parte para mantener un museo tan maravilloso,

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