lunes, 17 de septiembre de 2012

UNA POLÉMICA RESTAURACIÓN


Por Javier Mateo Hidalgo

Sucedió durante este verano. Desde el Heraldo de Aragón, se informaba al mundo entero de una noticia acaecida en el municipio zaragozano de Borja: Una vecina de ochenta años, había defenestrado un Ecce Homo en la iglesia del Santuario de Misericordia. La pintura mural se encontraba en un lamentable estado de conservación y a la buena mujer se le ocurrió, con toda su mejor intención, “restaurarla”. Al parecer, no era la primera vez que acometía un acto de tal envergadura, por lo que aparentemente no había ningún problema en ello. La señora dejó al Ecce Homo “hecho un cristo”, nunca mejor dicho. Según ella, cuando saltó la noticia, la restauración se encontraba inconclusa, por lo que en teoría podía haber llegado a buen puerto su trabajo. Pero fue “salir en los papeles” y a Cecilia Giménez (que así se llama) le superó todo aquello. Se encerró en su casa y trató de asumir su protagonismo no buscado. Desde las redes sociales, se empezaron a recoger firmas para pedir que la obra se quedase como estaba. Al parecer, el resultado de la fallida restauración resultaba tan vanguardista que incluso podían establecerse nexos con épocas artísticas en su momento renovadoras: El expresionismo alemán, Modigliani, Munch, Ensor o Goya fueron solo algunos ejemplos dados para justificar el noli me tangere tan defendido por algunos internautas.


Por parte de restauradores acreditados, la correcta restauración de este Cristo, original de Elías García Martínez, tiene muy mala solución. Algunos la califican como “La peor restauración de la historia”.
Haciendo uso de la misma imaginación con la que Cecilia trató de restaurar por su cuenta y riego el mural, visualizo el momento en el que la supuesta restauradora se enfrentaba a la obra a subsanar. La veo siendo consciente de que poco a poco iba eliminando, con cada nueva pincelada, los vestigios del antiguo mural. Trato de meterme en su cabeza y adivinar lo que pasaba por ella: “Lo estoy haciendo mal pero voy a seguir trabajando en ello, por ver si puedo solucionar el error”. Y, a cada nuevo intento por enmendarse la plana a sí misma, iba abocando al Cristo a un final cada vez más oscuro.
No sé si tendrán en su cabeza, queridos lectores, la película de Mister Bean en la cual Rotwan Atkinson defenestra la pintura “La madre de Whistler”. Algo así como Peter Sellers en “El guateque” cuando hace lo propio con un cuadro de Chagall, en la famosa escena del cuarto de baño. Pues bien, la realidad siempre supera a la ficción en creatividad.
No obstante, aquí tenemos dos debates cruzados: por un lado, las sacrosantas normas de los restauradores, entre las cuales no cabe la acción de esta aragonesa. Por otro, la visión del arte actual, el encumbramiento de esta señora por realizar (insistimos, a su pesar) una acción tan moderna, por así decirlo.
Cuando se conoció la noticia, yo me encontraba en San Esteban de Gormaz visitando la iglesia de Nuestra señora del Rivero. Finalizadas las obras de restauración de las pinturas góticas que se encontraban en su interior, pude observar con curiosidad las pertenecientes a la bóveda del altar: aquellas pinturas resultaban contemporáneas a mis ojos, recordándome sin duda al ya citado Chagall (y ojo, la restauración había sido realizada “correctamente”).
Sea como fuere, la cuestión es que Borja, debido a dicha polémica, se ha acabado convirtiendo en lugar de peregrinaje de curiosos y entendidos… por lo que podemos acabar diciendo que no hay mal que por bien no venga... ni mal que cien años dure.

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