domingo, 23 de septiembre de 2012

El Museo de Burgos

Después de algunos intentos baldíos y tras llamar por teléfono, acudimos a visitarlo a finales de julio; según nuestro interlocutor, "de momento", se podían  ver las dos secciones (bellas artes y arqueología)...
Como en otros museos de Castilla León del mismo tipo, los sábados y los domingos la entrada es gratuita; el resto de los días de la semana cobran 1,20 €; a quienes acuden en grupo, 0,60 €. Francamente, no entiendo tarifas tan ridículas... pero como no entiendo tantas otras cosas, una más no importa.
Es un museo próximo al Complejo de la Evolución, con aceptables instalaciones aparentes, dentro del universo de los museos provinciales españoles, acaso porque no es muy vetusto. Nació, en la configuración actual, de la unión tres edificios: las casas de Miranda, Íñigo Angulo y Melgosa, hace menos de 30 años; la última fase del museo, la sección de Bellas Artes, fue inaugurada en 1991.
Seguramente, por esta circunstancia, que parece endémica, no existe correspondencia entre las necesidades de funcionamiento y las posibilidades presupuestarias, progresivamente reducidas. Al menos, eso deduzco de las quejas públicas de su directora en los medios de comunicación y de la escasez de vigilantes, que impone las restricciones sufridas, al menos, durante el pasado año, cuando no pudimos entrar porque las salas de arqueología estaban cerradas.


Esa circunstancia dio lugar una anécdota surrealista, que con el paso del tiempo, ha cobrado significación añadida... pero que no contaré (de momento) por evitar inconvenientes previsibles a quien la protagonizó. Sírvale al lector saber que, por lo menos, algunos vigilantes están desbordados por la superficie que les encomiendan y que parecen estar muy presionados, a la vista de cómo reaccionan ante una situación anómala, aunque previsible. No puedo imaginarme qué instrucciones les habrán dado, teniendo en cuenta que el trato de todos  ellos fue, como de costumbre, muy amable; a la salida, la señora de la entrada se interesó por nuestra experiencia; el da la planta baja, que me vio fotografiando las "cosas medievales" me indicó la existencia de algo que no había visto y quién cuidaba en otra zona respondió con amplitud a cuantas preguntas le hicimos sobre la procedencia de algunas piezas, escasamente documentadas en las cartelas. Entrañable.
Precisamente, uno de los aspectos más criticables desde el punto de vista del visitante ocasional, está en ese detalle: las catelas y los paneles informativos son escasos, imprecisos y, en ocasiones, poco actualizados o discutibles.  Además de la página oficial, sujeta a los patrones normativos de la Junta de Castilla y León, existe una página "no oficial" más operativa que la oficial, pero sin muchas diferencias con las cartelas del museo.
Tiene varias plantas comunicadas mediante un pequeño ascensor... Como en otros museos de Castilla-León,  rezuma precariedad por todos los poros. No quiero ni imaginarme las carencias en cuestiones no observables por el público, pero substanciales para el buen funcionamiento (almacenes, medios técnicos, restauración, gestión administrativa...)


También en este museo se advierten las "anomalías" asociadas a la documentación material de la época islámica de la meseta castellana. Apenas se pueden ver piezas islámicas locales (los marfiles son fueron realizados en Burgos), pero son numerosos los restos "mozárabes"; es decir, no está documentada la cultura "madre", pero sí la más que dudosa "hija". La justificación objetiva de esta anomalía es simple: las tierras burgalesas (como casi toda Castilla) no "padecieron" una islamización profunda entre los siglos VIII y X, porque incluso durante el siglo X la zona estaba más vinculada a los "señores" cristianos que a los dignatarios musulmanes, con independencia de que unos y otros estuvieran supeditados al poder califal o a los diferentes grupos del poder califal. De ahí que Gómez Moreno tuviera necesidad de recurrir a comunidades emigradas para sostener el fenómeno "mozárabe". Y de ahí que sea difícil documentar la cultura emiral en todas las provincias castellanas, y que sea tan complicado encontrar influjos cordobeses en las obras adjudicadas al siglo X, unas veces con razón y otras sin ella.
Lo más curioso es que, a pesar de esa circunstancia, toda Castilla experimentó un influjo cultural islámico muy fuerte a partir del año 1000, justo cuando las dignidades de Al-Ándalus ya no tenían potestad sobre la Meseta; ese influjo, asociado a los grupos de musulmanes asentados en amplias zonas (bereberes y autóctonos), se materializó en la arquitectura (mudejarismo), pero también en otras esferas de la realidad cultural castellana. Todavía durante el siglo XV, los nobles castellanos gustaban vestir con aderezos derivados de las costumbres islámicas y se hacían retratar con esas galas o parte de ellas para los monumentos funerarios. El museo de Burgos conserva el sepulcro de Gómez Manrique y Sancha de Rojas, procedente del antiguo monasterio de Fresdelval (mediados del siglo XV) con esa particularidad.

Piezas destacadas (según mis "intereses personales")



El museo contiene una muy interesante colección de estelas funerarias, adjudicadas sin mayores especificaciones entre los siglos I y III d.C., que ilustran sobre el carácter de la romanización en esta parte de Hispania. Algunas presentan formas geométricas y recercados laureados que podrían estar indicando el origen de ciertas formas ornamentales de la Alta Edad Media.
Destacan los restos de Clunia, pero sobre todo, algunas piezas sueltas; entre ellas, los marfiles hispanoislámicos, uno de los cuales estaba en Oña, seguramente para acreditar la calidad eboraria de los talleres cristianos del siglo XI: por fortuna, sí pudimos contemplar el "estuche" califal , una de las obras más singulares de los talleres cordobeses

El capitel procedente de Padilla de Abajo, aparece clasificado como "arte mozárabe, siglo VIII-X". Mantiene la estructura del orden corintio, pero está cubierto de una retícula de formas biseladas que lo aleja de los usos más frecuentes. Creo que sobra el término "mozárabe" (no aprecio influencia cordobesa), aunque en esta ocasión sí podría tratarse de una obra de los alrededores del año 1000 aunque es difícil alcanzar una conclusión sin ver la parte superior del ábaco, a la que no se puede acceder sin una escalera.


También hay un "capitel de parteluz. Arte mozárabe, siglo VIII-X", procedente de Busto de Bureba. Se trata de una pieza alargada de tipología singular, que no sabría relacionar con ninguna otra, aunque algunos de sus elementos podrían conducirnos a referencias orientales y a recursos documentados en la mezquita mayor de Córdoba. ¿Mozárabe? Si lo dicen en el Museo de Burgos, así será.


El grupo "mozárabe" se amplía con un conjunto de "dinteles" procedentes de Valmayor de Cuesta Urría; tienen incisiones decorativas estilizadas y sencillas, sin motivos animados, pero con forma de arco de herradura... ¿Arco de herradura? Si tiene arco de herradura, tiene que ser visigodo o mozárabe; si el "peralte" es grande, será mozárabe. La carencia de elementos de caracterización cultural clara, impide un juicio argumentado, desde mis conocimientos. Pero si lo dicen en el museo de Burgos que son "mozárabes, del siglo X", así será.



La cubierta de sarcófago del monasterio de Valeránica de Tordómar, ofrece elementos que podrían ser muy anteriores, porque son afines a los que aparecen en lápidas funerarias de cronología anterior. No obstante, si en el museo de Burgos, dicen que es el siglo X, así será. La misma procedencia tienen dos fragmentos de cancel y un cimacio, que en el museo clasifican como "arte mozárabe, siglo VIII-X"... Sin otros datos es difícil discernir su filiación cultural, pero desde sus cualidades entiendo que se podría ampliar el margen de atribución hacia los siglos anteriores.

En sus salas están algunas piezas procedentes de Quintanilla de las Viñas, acompañadas de un panel con el siguiente texto:
"Un lugar destacable en este panorama (mundo paleocristiano y visigodo) ocupa la Ermita de Ntra Sra. de Quintanilla de las Viñas, cuya arquitectura se sitúa entre los ejemplos más significativos de la Península, en base, fundamentalmente, a los bajorrelieves que la ornamentan. Tallados a bisel, enlazan con la tendencia del arte romano provincial del Bajo Imperio, estando, sin embargo, en conexión con la plástica hispnovisigoda que se constata en el siglo VII en la Meseta, por ejemplo San Pedro de la Nave (sic). Su decoración consiste en elementos vegetales, sobre todo roleos de vid, algún motivo animal y figuras humanas alegóricas en el arco toral".
Creo que no debo añadir nada a lo ya expuesto en otra entrada.

Me vuelvo a preguntar qué sentido tienen estas entidades agónicas, que existen al margen del interés ciudadano y, por supuesto, de las autoridades políticas, permanentemente condicionadas por las demandas de quienes les votan. Desde los imperativos del sistema liberal, sabiendo que apenas visitan el Museo de Burgos 20.000 personas al año, lo que supone una recaudación miserable, que no da ni para pagar el sueldo de la directora; si no "funciona" como infraestructura turística y sólo interesa a grupos minoritarios; sabiendo que es fácil compensar con otros medios sus posibilidades educativas...  ¿No deberíamos cerrarlo?
La pregunta es irónica, pero consecuente.

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