viernes, 28 de septiembre de 2012

El Museo de Segovia


Estuvo cerrado durante 20 años, en su emplazamiento anterior, hasta que se inauguró en 2006 en su emplazamiento actual, en un lugar envidiable, pero marginal a los itinerarios turísticos que, por lo general, siguen turistas y visitantes eventuales; ello ayudaría a explicar su baja cifra de visitantes (17.334 durante 2011).
Ocupa el antiguo matadero judío, que fue rehabilitado según un proyecto que pone sobre la mesa, de nuevo, el problema de cómo conciliar las necesidades museísticas con las derivadas de una rehabilitación arquitectónica. En este caso, desde la experiencia propia, las sensaciones son buenas... con pocas salvedades: no me gusta la fachada ni el acceso y creo que la iluminación se podría mejorar.
No proporcionan el habitual tríptico, sino una fotocopia en blanco y negro... Así, pues, es fácil deducir el tratamiento recibido desde el poder político. No quiero ni imaginar lo que sucederá al año próximo.
Las cartelas son bastante completas y, como de costumbre, los vigilantes, muy cordiales.


Capitel de Duratón. La cartela dice:

"Capitel de pilastra de estilo corintio. Caliza. Duratón. Poco puede señalarse en cuanto a las construcciones de la antigua población de Duratón, puesto que casi nada se ha avanzado desde que Juan de Villanueva excavara, en 1795, unas posibles termas. El capitel de pilastra que exponemos ejemplifica la riqueza arquitectónica de alguna de las principales edificaciones de la ciudad. Es posible que pertenezcan al mismo edificio un segundo capitel, similar, y varios fragmentos de columnas acanaladas reutilizadas como material constructivo en un edificio del pueblo de Duratón y ubicados actualmente, a modo de monumento, en un jardín de la cercana ciudad de Perorrubio".  

No es de "estilo corintio", sino de "orden corintio", al menos mientras se mantenga la terminología al uso. Guarda mucha relación con otros capiteles aparecidos en tierras castellanas. La ornamentación tapizante es comparable a la de los de Clunia, que M.A. Gurtiérrez Behemerid  sitúa en la primera mitad del siglo I. Los capiteles de estas cualidades, aparecidos en áreas relativamente marginales (alejadas de los grandes núcleos urbanos), pudieron ser realizados por tallistas de escasa habilidad, en momentos difíciles de precisar. Como no creo en la posibilidad de sistematizar su realización con excesiva precisión, los situaría entre los siglos I y II, d.C.

Capitel de Riaguas de San Bartolomé. La cartela:

"Capitel de columna. s. III d.C. Mármol. Riaguas de San Bartolomé. De entre lo poco que se conoce de estas villae romanas en la provincia, destaca este capitel. Tuvo que pertenecer a un edificio de notables proporciones con columnas y otros capiteles. También allí hay noticias de mosaicos".


El capitel es de factura tosca pero mantiene la estructura del orden salvo en la carencia (o extrema simplificación) del tallo que une el florón (en el ábaco) a la formación vegetal de la que debe surgir. Estas simplificaciones son frecuentes, precisamente, a partir del siglo III, cuando en todo el Imperio se dejan sentir los influjos orientales, que no se advierten en esta pieza. Sin embargo, también tiene elementos que inducen cronología anterior: la profundidad de la talla, el tipo de acanto,  el labio del Kálathos y, sobre todo, la proximidad con las serie de Clunia. Lo más probable es que este capitel fuera realizado antes del siglo III por un taller de escasa habilidad; una cronología "de compromiso" le situaría entre los siglos II y III.


Las piezas de Constanza (?) (Bernardos). La cartela:

"Estas dos piezas de época visigoda, impostas de pilastras o salmeres sobre los que descansaba un arco, han podido pertenecer a a un mismo vano. Una es original de caliza y la otra, un vaciado de yeso encargado por A. Molinero. Deben proceder de Constanza (Bernardos) y cabría fecharlas en la segunda mitad del siglo VII. Presentan animales simbólicos, cruces de tipo visigodo (patadas) y la misma inscripción, que interpretamos como dedicatoria de las pieza, o del edificio en el que estuviesen: ¡Manes y Liuva, en nombre de Dios' (MANES DOMINI/ ET AELIVVE)"


La ornamentación es afín  a la de las primeras lápidas cristianas de la península Ibérica. Por las razones ofrecidas en varias ocasiones, se debería ampliar la banda de adjudicación. En este caso, la aparición de la cruz patada estrecha el marco de atribución hasta la primera mitad del siglo VI, cuando este elemento se emplea en las lápidas sepulcrales con frecuencia. ¿Época visigoda? Si dijéramos que Velázquez fue un pintor "de época austriaca"...

Los capiteles de Aguilafuente y Domingo García están agrupados en la cartela:

"Sobre los restos de la villa de Santa Lucía, se localizó este interesante capitel de tipo corintio, de caliza marmórea. Revela la desaparición de algún edificio de época visigoda, quizá de carácter religioso, asociado a los enterramientos de aquel lugar. El otro fragmento de capitel, quizás procedente de la ermita de San Isidro, en Domingo Garcí, presenta un carácter marcadamente tardorromano, que hemos de poner en relación con otros ejemplares del entorno emeritense. Ambos casos revelan el tránsito estilístico entre el mundo clásico, ya tardorromano, y el altomedieval".

Entiendo que se deberían ofrecer separados porque son piezas de cualidades diferentes y que se deberían incluir algunas precisiones:


a) El capitel de Aguilafuente no es "de tipo corintio", sino "corintizante", puesto que no contiene todos los elementos del orden: carece de caulículos, de volutas y la interpretación del florón es sumamente estilizada; las hojas de acanto ofrecen modo sumario, con "digitaciones" que definen anulaciones perfectamente circulares. Podría clasificarse entre los siglos IV y VI, aunque con más probabilidades de ser obra temprana, si tenemos en cuenta la fuerte curvatura de los brazos del ábaco (no he podido apreciar trazas, pero podría haberlas), que acredita pervivencia de fórmulas romanas.


b) El fragmento de Domingo Garci proporciona pocos datos para su evaluación. La existencia de caulículos, según fórmula convencional, refuerza su vinculación con las tradiciones romanas y con el orden corintio, pero los acantos ofrecen fórmula comparable a la del capitel de Aguilafuente. Es menos evolucionado que el anterior, aunque la banda de atribución podría ser la misma: siglos IV al VI.

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