domingo, 16 de septiembre de 2012

Las puertas de la percepción. De Blake a Huxley y viceversa


La inauguraron hace tiempo, pero el verano levanta barreras que no es fácil franquear: de nuevo La Caixa ofrece una magnífica exposición —muy recomendable—, ahora en colaboración con la Tate Britain.  Y de nuevo me pregunto si exposiciones como éstas compensan la deuda social de los bancos...
No creo necesario reiterar la relevancia de Blake, de gran proyección en el universo estético del siglo XX por algunas de las vías más reiterativas de la evolución reciente: simbolismo, expresionismo, voluntad inconformista (vanguardista), interés por los universos profundos del psiquismo humano...
Sin menospreciar sus cualidades más reconocidas, me gustaría enfatizar en esta "entrada" una de las citas que los organizadores de la exposición han destacado:

"Si las puertas de la percepción se purificasen, todo se le aparecería al hombre como es, infinito"

La frase, formulada mil veces en los ambientes estéticos como mantra o sortilegio mágico, induce, en principio, tantas posibilidades de interpretación como se le ocurran a quien la utilice, sobre todo, si la entiende "en abstracto", sin plegarse a los condicionantes del momento histórico. Parece sonar a lo mismo que otra más trivial y también recurrente en ciertos ambientes psicológicos (cognitivismo), entre posmodernos y en los inframundos ideológicos del sistema liberal: "Toda percepción es subjetiva". Sin embargo, cuando Blake la formuló, a finales del siglo XVIII, las preocupaciones de las personas de cierto nivel cultural, caminaban por territorios diferentes a los de la fenomenología (Edmund Husserl), tan grata a esas mismas corrientes.
La frase está tomada del poema The Marriage of Heaven and Hell (compuesto entre 1790 y 1793), donde resplandecen matices con sabor a las tradiciones platónicas y neoplatónicas, pero también a las revoluciones filosóficas del siglo XVIII —muy relevantes en Inglaterra—, que culminaron en transformaciones radicales en todo el mundo desarrollado. En ese ambiente, Blake, como otros muchos creadores e "intelectuales" de su tiempo, apostó por un sentido espiritual diferente al impuesto desde los sistemas religiosos occidentales, invariablemente condicionados por la oposición entre el Bien y el Mal. Esa espiritualidad o mejor, las raíces de esa espiritualidad aún medran bajo nuestros pies...
Concretamente, ofreció el poema con la intención expresa de burlarse de la obra de Emanuel Swedenborg (Heaven and Hell), visionario que, a mediados del siglo XVIII, pretendió reformar el cristianismo mediante reivindicaciones "puristas" de cierta repercusión en los ambientes masones y entre los teólogos del norte de Europa y de Estados Unidos.

"If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, infinite. For man has closed himself up, till he sees all things through narrow chinks of his cavern"


Blake, frente  lo que parece sugerirse en el panel que abre la exposición, desarrolla su discurso estético en las vertientes pictórica y literaria según fórmulas (sentencias) de gran complejidad, no siempre accesibles a un "perceptor" del siglo XXI, que unas veces nos remiten a visiones panteístas "modernas", otras a concepciones taoístas, pero también a líneas poéticas de naturaleza y raíz diversas; en ese sentido, podríamos situarle entre los precedentes de fórmulas filosóficas posteriores (Nietzsche):

"Those who restrain desire, do so because theirs is weak enough to be restrained; and the restrainer of reason usurps its place & governs the unwilling" (en lámina 5 y 6)

En la actualidad, la frase destacada en la instalación de La Caixa nos conduce "necesariamente" a uno de los escritores más interesantes del siglo XX: Aldous Huxley, que la empleó para titular uno de sus ensayos de mayor proyección en el universo estético a partir de los años sesenta y en ciertas corrientes de las ciencias sociales: Las puertas de la percepción (1954).
El ensayo, concebido a partir de una reflexión sobre las alteraciones de conciencia inducidas por la mescalina, es una acotación oportuna (escrita con el soporte científico de quienes "vigilaron" la experiencia) a lo que, por entonces, era el estado de los conocimientos sobre la percepción visual, y culminaba con observaciones más genéricas, que no desentonarían con nuestros conocimientos actuales sobre esa función psíquica.
Por ofrecer una aproximación tendenciosa —todo el mundo utiliza a Huxley de forma caprichosa—, he recogido unas líneas del final, que vuelven a Blake y recuerdan "problemas" muy arraigados en le mente del hombre, desde "siempre":

"Blake escribió con mucha amargura:
"Siempre he advertido que los Ángeles tienen la vanidad de hablar de sí mismos como de los únicos sabios. Hacen esto con una confiada insolencia que brota del razonamiento sistemático."
El razonamiento sistemático es algo de lo que tal vez no podamos prescindir ni como especie ni como individuos. Pero tampoco podemos prescindir, si hemos de permanecer sanos, de la percepción directa, cuanto menos sistemática mejor, de los mundos interior y exterior en los que hemos nacido. Esta realidad es un infinito que está más allá de toda comprensión y, sin embargo, puede ser percibida directamente, y desde cierto punto de vista, de modo total. Es una trascendencia que pertenece a un orden distinto del humano y que, sin embargo, puede estar presente en nosotros como una inmanencia sentida, como una participación experimentada. Saber es darse cuenta, siempre, de la realidad total en su diferenciación inmanente; darse cuenta de ello y, aun así, permanecer en condiciones de sobrevivir como animal, de pensar y sentir como ser humano, de recurrir cuando convenga al razonamiento sistemático. Nuestra finalidad es descubrir que siempre hemos estado donde deberíamos estar.
Por desdicha, nos hacemos muy difícil esta tarea. Pero, entretanto, hay gracias gratuitas en la forma de realizaciones parciales y fugaces. Bajo un sistema de educación más realista y menos exclusivamente verbal que el nuestro, todo Ángel -en el sentido que Blake de a la palabra- tendría autorización para un banquete sabático, sería inducido y hasta, en caso necesario, obligado a hacer de cuando en cuando, por medio de alguna Puerta Química en el Muro, un viaje al mundo de la experiencia trascendental. Si esto le aterrara, sería una desdicha, sin duda, pero probablemente saludable. Si le procurara una iluminación breve, pero sin tiempo, tanto mejor. En cualquiera de los casos, el Ángel perdería algo de la confiada insolencia"

No son las líneas que más me placen de Huxley, porque sesgan lo que hoy sabemos cobre el funcionamiento perceptivo en las situaciones más habituales, pero creo que determinan bien el punto de contacto entre los planteamientos de dos personas alejadas en el tiempo pero con preocupaciones afines; seguramente muchos de "nosotros" también participamos de ellas... Quienes estén interesados en la derivación estética reciente, vean las películas de Jim Jarmusch y, muy especialmente, Dead Man (1995). En ella merece la pena preguntarse quién pesa más, si el trascendentalismo de Blake o la búsqueda de Huxley.

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