viernes, 26 de octubre de 2012

Artocracia


Por Mario de Santiago Manjón

“Dice Richard Tarnas que ciertos principios operativos son los que dan sentido al nuevo valor que se otorga a la ‘apreciación’ de la plasticidad y del cambio constante de la realidad y el conocimiento.
Esto significa, trasladado al tema que nos ocupa, una nueva forma de entender el concepto de plástica aplicada a la creación artística bajo el dominio de una eternamente mudable razón teórica. Que será determinante no sólo para conocer las nuevas referencias ideológicas que afectan al arte, sino también para interpretar los programas ejecutivos o los propios procesos genealógicos en los que se inserta la obra artística. Tal influencia ha provocado hasta nuestros días el que es un auténtico sistema de condicionamiento ultrateórico del arte, cuya inercia gira en una doble perceptiva: impulsada desde una opinión apriorista por un cuerpo de referencias y autoridades en renovación continua; como también por una búsqueda de justificación o encaje a posteriori de la obra en coyunturas estructurales intelectualizadas, lo que, en este último caso, se traduce en la elaboración prolija (muy extensa) de toda suerte de alegatos formulados, bien por el propio artista, como, sobre todo, por figuras que han pasado a un primer plano, tal y como son las del crítico, el curador y el comisario; hasta el punto de que hoy, sin ellas, el arte parece encontrarse en un estado de enajenada orfandad.*
*Se compara el sistema artístico con el democrático, siendo así los poderes judiciales y legislativos las figuras del teórico y del crítico respectivamente, y el poder ejecutivo el artista.”

Juan Martínez Moro: Crítica de la razón plástica, Asturias: Ediciones Trea, 2011, p.152-153


Tras la lectura de este texto, seleccionado por la relevancia que considero que tiene su interpretación en un ámbito de aprendizaje teórico como en el que nos encontramos, surgen varias dudas:

1- ¿Qué sucede, que el arte sigue unas pautas?
2- ¿Acaso se puede pensar que esas pautas son tan variables que cambian dependiendo del contexto o la sociedad?
3- ¿Es que hay alguien que dice lo que se puede (o debe) y no se puede hacer?
4- Y sobre todo: ¿Quiere decir todo esto que, en definitiva, el artista no es dueño de su obra?

Para hacernos una idea y, tomando como base la teoría que se propone de ver el sistema artístico como el de la democracia, qué menos que explicar a qué se supone que equivale cada estrato.
Bien, el poder judicial (los teóricos) es el poder que vela porque las leyes se cumplan de una forma ordenada y en beneficio de todos, aunque en ocasiones se haya utilizado como una forma de imposición (Alemania Nazi, China Comunista, antigua Unión Soviética…). Es, entonces, aplicado a la figura del teórico, el poder que se le otorga para decidir lo que se hace y lo que no, lo que está dentro o fuera de lo que es denominado arte.
Dentro ya, y actuando en consecuencia de lo que define el poder judicial, está el poder legislativo (los críticos) que determina de una manera más concreta las leyes, es decir, las redacta. Este es el papel de los críticos, el de dictar cómo y por qué se hacen las cosas, así como valorar estéticamente (es decir, dentro de lo que dicen los teóricos).
El plano que le toca a los artistas, el poder ejecutivo, es simple: consiste únicamente en aplicar de forma práctica lo que los otros dos poderes deciden. Si el poder judicial y legislativo dicen que todo lo que se haga debe de tener un punto rosa en algún lado, más le vale al artista (si quiere jugar al arte) poner un punto rosa en su obra, pues si no probablemente sea descatalogado ya que carece de la exclusividad que los otros dos estamentos dictaminan.

Tras esta breve explicación procedo a contestar las preguntas antes formuladas.

1- Por supuesto que el arte sigue unas pautas ya que el “todo vale” es demasiado ambiguo como para tomarlo totalmente en serio. Además, el arte es algo exclusivo, no todos pueden (ni deben) entenderlo, y mucho menos acceder a él, pues perdería gran parte de su significado elitista.
2- Otra pregunta correcta. Obviamente, no se puede pensar ni teorizar sobre lo mismo en el s.XXI que sobre lo que se hacía en el s.XIX, pues la vida ha cambiado, la sociedad ha cambiado y, además, de una forma radical. Tan radical que, hablando mal y pronto, lo que antes era una mierda, ahora es mierda de artista.
3- Esta pregunta creo que ha sido resuelta con la explicación de los poderes, pero por si queda alguna duda, SÍ. Como ya hemos dicho antes, hay que exclusivizar al máximo el género arte.
4- En definitiva no. No puede alguien ser dueño de algo que no ha creado él. Y es que, si en lugar de tener total libertad para ejecutar, se puede sólo ejecutar bajo unos parámetros, la mitad de la obra (por no decir una grandísima porción de ella, ya que la teoría es la parte más relevante de muchas de las obras contemporáneas) ya está hecha, es una especie de ready-made cognitivo al que se le añade simplemente una forma, muchas veces equívoca con lo que se pretende representar.

Termino este artículo invitando a la reflexión de los lectores y alentando así a que se abra un debate: ¿Queréis, aún así, ser artistas?

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